Desde muy pequeña sentí una profunda conexión con los animales, el sol y la soledad. Soy del uno a uno, de las conversaciones largas en las que algo se mueve y uno ya no se va igual que como llegó.
Me fascina mirar detrás de lo evidente, encontrar relaciones donde aparentemente no las hay y hacer preguntas donde creemos tener respuestas.
Una espiritualidad libre de dogmatismos ha sido, muchas veces, lo que me permitió atravesar mis propios pozos oscuros y también me atravesó profundamente la búsqueda de mis orígenes biológicos. De ahí nació una imagen que hoy resume buena parte de mi manera de mirar al ser humano: somos esquejes, venimos de una una historia y de unas raíces que nos preceden, pero tenemos el potencial de generar nuestras propias raíces y crecer en una dirección nueva.
Elegí acompañar a otros porque sigo creyendo profundamente en la posibilidad de explorar lo recibido, descubrir lo propio y participar activamente en aquello que podemos llegar a ser.